Trascender:
cuando el coaching deja de ser sólo “mejora”
y se vuelve “humanidad”
¿Para qué hacemos Coaching? Podríamos responder: para ampliar posibilidades, mejorar resultados, disolver quiebres, facilitar un desplazamiento ontológico (R. Echeverría, en Ontología del lenguaje. 1994. Dolmen). Todo eso es cierto; aunque, si nos detenemos allí, nos quedamos cortos. Cada vez que acompañamos un proceso de Coaching Ontológico, algo más profundo ocurre: un ser humano trasciende la forma en que venía siendo y, cuando alguien cambia su manera de estar siendo, cambia la calidad de las relaciones que genera; si éstas cambian, nuevos resultados aparecen, porque siempre Relaciones y Resultados se interrelacionan sinérgicamente.
El desplazamiento ontológico no es aprender nuevas respuestas; es abandonar conversaciones internas que nos fijan al pasado; es dejar de explicar por qué no se puede y comenzar a conversar para que algo sea posible; es pasar de la queja a la coordinación de acciones; es decir, de la víctima al protagonista. Y hay algo todavía más desafiante: cuando el observador se transforma, no sólo mejora su desempeño, sino que también amplía su conciencia de pertenencia y comprende que no vive solo, que sus conversaciones configuran cultura, que su manera de escuchar o de prometer impacta en otros.
Por tanto, trascender no es escapar del mundo, sino asumir que lo estamos creando conversación tras conversación. Humberto Maturana lo dijo con claridad: vivimos en el lenguaje y nuestro nicho ecológico son otros seres humanos (Maturana, H. El sentido de lo humano. Dolmen. 1996). Por ello, cada proceso de Coaching Ontológico auténtico tiene una dimensión social. Cambiar yo implica cambiar el espacio relacional que habito.
Y aquí aparece la pregunta incómoda para nosotros como coaches: ¿estamos acompañando sólo mejoras individuales o estamos facilitando expansiones de conciencia orientadas al bien común?
El verdadero desplazamiento no se mide únicamente en metas alcanzadas. Se reconoce en la magnanimidad (alma grande) que emerge del Coachee, en la capacidad de acoger al otro como legítimo otro, en la coherencia entre decir y hacer, en el cuidado del ecosistema humano y natural que integramos.
El Coaching no es para ser mejores, sino para ser más humanos. Tal vez el sentido más profundo de nuestra profesión, la verdadera trascendencia del Coaching Ontológico Profesional, sea abrir espacios donde los seres humanos podamos trascender nuestra estrechez y convertirnos en generadores de una convivencia más justa, más consciente y amorosa, convencidos de que trascender es comprender que, al cambiar lo que somos, cambiamos el mundo que creamos. Si no, sólo estaremos optimizando egos. Y el mundo no necesita egos más eficientes; necesita observadores más amplios.
Si acompañamos procesos de ejecutivos y miembros de Empresas y ONG, allí tenemos una excelente oportunidad para hacer del Bien Común un propósito explícito de nuestras conversaciones de coaching, y asistir a nuestros coachees en el desarrollo de sus habilidades para ser mejores ofertas para el otro, y así construir redes conversacionales trascendentes que creen un mundo más humano y favorable para todos.
Tal vez podríamos regalarnos, al finalizar cada proceso, una pregunta adicional: ¿qué impacto humano y relacional deja esta conversación más allá de los resultados comprometidos?
Incorporar este criterio de evaluación —junto a los objetivos y metas— puede ayudarnos a sostener la dimensión trascendente de nuestra práctica y a cuidar que cada intervención contribuya, aunque sea en pequeña escala, a expandir conciencia y fortalecer el bien común.
Adrián Cervera
Coach Ontológico Profesional
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