Te doy
mi palabra, espero la tuya
Esto no implica menospreciar a mi interlocutor
creyendo que no es capaz de entenderme, sino al contrario, es para descubrir
que cuando no soy comprendido, y me hago la víctima diciendo “a mí nadie me entiende”, tal vez el
problema esté en que yo no sé hacerme entender mientras les exijo a todos que
me entiendan, siendo que en realidad no les dí las herramientas suficientes
para hacerlo.
En las conversaciones, ocurre con mucha
frecuencia que las suposiciones, lo que doy por supuesto sobre el otro o sobre
lo que digo, nos hacen correr el riesgo de generar y generarnos expectativas
que a la postre resultan falsas y frustrantes pues, recién al final comprobamos
que no habíamos entendido lo mismo que al principio supusimos que era motivo de
coincidencia entre ambos.
En el mundo de las empresas, y en las empresas
del mundo, las relaciones saludables suponen y necesitan comunicaciones claras,
acuerdos explícitos y precisos y, cumplimientos recíprocos, tal que llegado el
caso de que si algo de lo pactado no podrá cumplirse tal como lo habíamos arreglado porque surgen imprevistos accidentales, es decir no como consecuencia de
irresponsables comportamientos, una simple comunicación anticipatoria puede
generar un nuevo acuerdo que preserve la buena calidad de la relación, la
acreciente y la haga parte de un clima laboral positivo, calmo, generador de
alegría y paz.
Te lo aseguro, sí es posible, hagámoslo posible, hablemos más y mejor,
hablemos la verdad, de verdad y con verdad.
reingenieria@empresasdefamilia.info